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30 de octubre de 2011 - Trigesimo Primero Domingo en Tiempo Ordinario

Llamando a los Padres

Lecturas:
Mal 1:14-2:2, 8-10
Sal 131:1-3
1 Tes 2:7-9, 13
Mt 23:1-12


Aunque eran los sucesores de Moisés, los fariseos y escribas se exaltaron a si mismos e hicieron de su conocimiento de la ley un símbolo de privilegio. Peor aún, habían echado el peso de la ley sobre la gente (cfr. Mt 20:25). Como los sacerdotes condenados por Malaquías en la primera lectura de hoy, ellos causaron que muchos cayeran y se desviaran de Dios.

En una palabra, los líderes de Israel fallaron en ser buenos padres espirituales del pueblo de Dios. Moisés era una figura humilde y paternal, que no solamente predicaba la ley, pero también la practicaba, intercediendo y rogando la misericordia y el perdón de Dios por los pecados del pueblo (cfr. Ex 32:9-14; Salmo 90).

Y Jesús hoy nos recuerda que toda paternidad—en la familia o en el pueblo de Dios—viene de Nuestro Padre Celestial (cfr. Ef 3:15).

No quiere decir que literalmente no llamemos “padre” a ningún hombre. El mismo se refirió a los “padres” de Israel (cfr. Jn 7:42), también los apóstoles enseñaron sobre la paternidad (cfr. Heb 12:7-11) y se describieron como “padres espirituales” (cfr. 1 Co 4:14-16).

La paternidad de los apóstoles y sus sucesores, los obispos y sacerdotes de la Iglesia, es una paternidad espiritual, para hacernos crecer como hijos de Dios. Nuestros padres nos dan nueva vida en el bautismo y nos nutren con la leche espiritual del Evangelio y la Eucaristía (cfr. 1 Pe 2:2-3). Es por esto que San Pablo hasta se compara con una madre lactante en la epístola de hoy.

La paternidad de Dios transciende todos los conceptos humanos de paternidad y maternidad. Tal vez por eso el salmo de este domingo recoge una imagen muy especial del cariño maternal de Dios (cfr. Is 66:13).

El Hijo Único nos ha mostrado al Padre (cfr. Jn 14:9) quien viene a recoger a sus hijos como una gallina reúne sus polluelos debajo de sus alas (Mt 23:37). Todos somos hermanos y hermanas, Nuestro Señor nos dice este día. Y todos, incluyendo nuestros padres, tenemos que confiar en El humildemente, como niños en el regazo de sus madres (S 131:2).

Mons. José Gomez
Narrado por: Mons. José Gomez, Arzobispo de Los Angeles
Presidente: Scott Hahn, Ph.D.
Editor: David Scott
Traductores: Msgr. Richard Antall y Andrés Jiménez
 
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