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10 de diciembre de 2006 - Segundo Domingo de Adviento

El camino a casa     

 

Lecturas:

Baruc 5, 1-9

Salmo 126, 1-6

Fiplipenses 1, 4-6, 8-11

Lucas 3, 1-6

 

El salmo de hoy nos pinta un escenario de ensueño: un camino lleno de antiguos cautivos, ahora liberados, que regresan a casa (Sión-Jerusalén), sus bocas llenas de risa y sus lenguas de cantos.

 

Es una estampa gloriosa del pasado de Israel, un “nuevo éxodo”: la liberación del exilio en Babilonia. El salmista la trae a la memoria en un momento de incertidumbre y ansiedad; pero no lo hace motivado por la nostalgia. Al recordar que, en el pasado, “el Señor ha hecho maravillas”, más bien hace un acto de fe y esperanza. Dios vendrá a Israel para socorrerle en su necesidad actual y hará cosas aún más grandes en el futuro.

 

Ese es el tema central de las lecturas del Adviento: recordar los hechos salvíficos de nuestro Dios, tanto en la historia de Israel como en la venida de Jesús. Esta remembranza pretende estimular nuestra fe y llenarnos de confianza sabiendo que, como dice la epístola de hoy, “quien inició en ustedes la Buena obra la irá consumando” hasta que Él venga de nuevo en su gloria.

 

La liturgia nos enseña que cada uno de nosotros, como Israel durante el exilio, es conducido a la cautividad por sus pecados, necesitado de salvación y conversión mediante la Palabra del Santo (cfr. Ba 5,5). Las lecciones que nos da la historia de la salvación nos  enseñan que, como Dios liberó una y otra vez a Israel, también en su misericordia nos liberará de nuestros afectos desordenados si, arrepentidos, volvemos a Él.

 

Ese es el mensaje de Juan, presentado en el Evangelio de hoy como el último de los grandes profetas (cfr. Jr 1, 1-4, 11). Pero Juan es mucho mayor que los profetas (cfr. Lc 7, 27). Él esta preparando el camino, no solo a la nueva redención de Israel, sino también para la salvación de “toda carne” (cfr. Hch 28, 28).

 

Juan cita a Isaías (cfr. 40, 3) para decirnos que ha venido a construirnos un camino a casa; una senda que nos saca del desierto del pecado y de la alineación. Un camino por el cual  seguiremos a Jesús y peregrinaremos alegremente, sabiendo que Dios nos recuerda, como dice la primera lectura de hoy.

 

Al Partir el Pan

 



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