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August 28, 2008 - 2:47 AM EDT
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—Luke 24:32
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22 de Julio de 2007, 16o Domingo de Tiempo Ordinario

Esperando al Señor

 

Lecturas:

Génesis 18,1-10
Salmo 15,2-5
Colosenses 1,24-28
Lucas 10,38-42


Dios quiere habitar en cada uno de nosotros personalmente, íntimamente, como los tres misteriosos huéspedes que en cierta ocasión visitaron la tienda de Abraham; como Jesús una vez entró al hogar de María y Marta.

Por la hospitalidad de la que habla la primera lectura de esta semana, Abraham nos muestra cómo debemos dar la bienvenida al Señor en nuestras vidas. Su servicio desinteresado a los huéspedes divinos (cfr. Hb 13,1) contrasta con el retrato de Marta que que hoy nos pinta el Evangelio.

 Mientras Abraham se preocupa sólo por el bienestar de sus invitados, Marta en cambio habla por sí misma: “¿No te importa que mi hermana me haya dejado sola...? Dile que me ayude”. El dulce reproche de Jesús nos recuerda que corremos el riesgo de perder lo divino en lo mundano, que podemos caer en la trampa de creer que Dios necesita en modo alguno del servicio de manos humanas (cfr. Hch 17,25).

 

Nuestro Señor viene a nosotros, no para ser servido sino para servir (cfr. Mt 20,28). Él dio su vida para que pudiéramos conocer lo único que necesitamos, la “mejor parte” que es la vida en la comunidad divina.

 

Jesús es el Hijo verdadero prometido por los visitantes de Abraham (cfr. Mt 1,1). En Él, Dios ha hecho una alianza eterna, y nos ha convertido en los descendientes benditos de Abraham.

 

La Iglesia nos ofrece ahora esta alianza, cumpliendo la palabra de Dios, la promesa de su plan de salvación que Pablo llama “misterio escondido desde siglos y generaciones”. Así como una vez vino a Abraham, María y Marta, Cristo viene ahora a cada uno de nosotros en la Palabra y los sacramentos. Como canta el salmo de esta semana, Él hará su morada en quienes guardan su Palabra y practican la justicia (cfr. Jn 14,23).

 

Si hacemos esto no estaremos angustiados ni perturbados, nadie nos quitará a nuestro Señor. Esperaremos al Señor que dijo a Abraham y nos dice también a nosotros: “Volveré sin falta”.

 

Al Partir el Pan

 



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