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27 de agosto 2006, 21o Domingo de Tiempo Ordinario

Una decisión que tomar

 

Las Lecturas

Josué 24,1-2, 15-18

Salmo 34, 2-3, 16-23

Efesios 5, 21-32

Juan 6, 60-69

 

Con las lecturas de este domingo concluye una meditación de cuatro semanas sobre la Eucaristía.

 

A los doce apóstoles del Evangelio de hoy, se les pide tomar una opción entre creer y aceptar la Nueva Alianza que Él ofrece en su Cuerpo y Sangre, o volver a su antigua manera de vivir.


Esta situación es prefigurada en la decisión que Josué pide a las 12 tribus en la primera lectura.

 

Josué los convoca en Siquem, lugar donde Dios se había aparecido a su padre Abraham y le había prometido que daría esa misma tierra al gran pueblo que nacería de su descendencia (Cfr. Gn 12, 1-9). Allí les planeta un fuerte desafío: renovar su alianza con Dios o servir a los dioses extraños de las naciones vecinas.

 

A nosotros también se nos pide decidir a quién vamos a servir. Durante cuatro semanas, la liturgia nos ha presentado el misterio de la Eucaristía, un milagro cotidiano mucho más grande que el que Dios hizo cuando sacó a Israel de la tierra de Egipto.

 

También a nosotros, Él nos ha prometido un nuevo hogar, la vida eterna; y nos ha ofrecido pan del cielo para fortalecernos en nuestro camino. Él nos ha dicho que si no comemos su Carne y no bebemos su Sangre, no tendremos vida en nosotros.

 

“Duras son esas palabras” (Jn 6, 60), murmuran en el Evangelio de hoy. Y sin embargo, Él nos ha dado palabras de vida eterna.

 

Debemos creer, como nos dice hoy San Pablo, que Jesús es el Santo de Dios  que se ha entregado por nosotros, dando su Carne para vida del mundo.

 

Según escuchamos en su epístola, Jesús hizo todo esto para santificarnos, purificándonos con el agua y la palabra del bautismo, por el cual entramos en su Nueva Alianza. Mediante la Eucaristía, Él nos alimenta y nos trata con ternura, haciéndonos su propia carne y sangre, así como los esposos se hacen una sola carne.

 

Renovemos este día nuestra alianza con Dios acercándonos al altar, confiando en que Él rescata la vida de sus siervos, como cantamos en el salmo de hoy.

 

Al Partir el Pan

 



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