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15 de octubre 2006, 28o Domingo de Tiempo Ordinario

Sabiduría y riquezas

 

Las lecturas

Sabiduría 7, 7-11

Salmo 90, 12-17

Hebreos 4, 12-13

Marcos 10, 17-30

 

El joven rico del Evangelio de este Domingo quería saber lo que todos queremos saber: cómo vivir ahora de modo que  para que alcancemos la vida para siempre en el mundo que está por venir. Buscaba lo que el salmo de hoy llama “sabiduría de corazón”.

 

Sin embargo, aprende que la sabiduría que busca no se limita a un conjunto de obras que deben hacerse o conductas que deben evitarse. Como Jesús le dice, la obediencia a los mandamientos es esencial en el camino de la salvación, pero no nos lleva más allá de cierto punto.

 

La sabiduría de Dios no es una colección de preceptos, sino una Persona: Jesucristo. Jesús es la Sabiduría cuyo espíritu fue dado a Salomón en la primera lectura de hoy. Él es la Palabra de Dios mencionada en la epístola que escuchamos. Y Él, como lo revela al joven rico, es Dios.

 

En Jesús encontramos la Sabiduría, la Palabra de Dios viva y efectiva. Como hace con el joven rico de hoy, Él nos mira con amor. Esa mirada de amor, esa contemplación amorosa, es una invitación personal a dejarlo todo para seguirle a El.

 

Nada puede esconderse de su mirada, como escuchamos en la epístola. En sus ojos ardientes, los pensamientos de nuestros corazones quedan al descubierto, y cada uno de nosotros tiene que rendirle cuentas de su vida (Ap 1, 14).

 

Debemos tener la actitud de Salomón, que prefirió la Sabiduría a todo lo demás; debemos amar a Cristo más que a la vida misma. Esta preferencia, este amor, requiere un salto de fe. Tendremos que sufrir por esta fe (según dice hoy Jesús a sus discípulos), pero podemos confiar en su promesa de que todas las cosas buenas nos vendrán estando en compañía suya.

 

Entonces, ¿cuáles son esos “muchos bienes” que hacen que no nos entregamos totalmente a Dios? ¿A qué estamos apegados —cosas materiales, comodidades, amistades-? ¿Qué se requeriría para que viviéramos completamente para Cristo y su Evangelio?

 

Pidamos en la oración la sabiduría para entrar en el Reino de Dios. Con el salmista, digámosle a Dios: “enséñanos”.

 

 

Al Partir el Pan

 



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