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July 3, 2008 - 7:38 PM EDT
"Did not our hearts burn within us...as he opened up to us the Scriptures?"
—Luke 24:32
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19 de noviembre 2006, 33º Domingo de Tiempo Ordinario

Esperanza en la tribulación

 

Las lecturas

Daniel 12, 1-3            

Salmo 16, 5.8-11

Hebreos 10, 11-14.18

Marcos 13, 24-32

 

En esta penúltima semana del año litúrgico, Jesús finalmente ha llegado a Jerusalén.

 

Ya cerca de su pasión y muerte, Jesús nos da una señal de esperanza, diciéndonos como será todo cuando regrese en su Gloria.

 

El evangelio de este domingo está tomado de un largo discurso en el que Jesús habla de tribulaciones como no las “ha habido desde la creación del mundo” (cfr. Mc 13, 19). Describe una especie de disolución del mundo, un retorno de la creación a su estado primordial de vacío y caos.

 

En primer lugar, la comunidad humana—naciones y reinos—se quebrantará (cfr. Mc 13, 7-8). Después la tierra dejará de producir alimentos y empezará temblar (13, 8). Entonces, la familia se destruirá desde dentro y los últimos fieles serán perseguidos (13, 9-13).  Por último, se profanará al Templo y la tierra será excluida de la presencia de Dios (13, 14).

 

La lectura de este domingo presenta a Dios apagando las luces que, en el principio,  había puesto en el cielo: el sol, la luna y las estrellas (cfr. Is 13, 10; 34, 4). En medio de esta oscuridad el Hijo del Hombre, aquel por quien todo fue hecho, vendrá de nuevo.

 

Jesús nos había dicho que el Hijo del Hombre tenia que ser humillado y matado (cfr Mc 8, 31). Ahora nos habla de su victoria final, ocupando imágenes reales-divinas sacadas del Antiguo Testamento: las nubes, la gloria y los ángeles (cfr. Dn 7, 13). Nos muestra que en él se cumplen todas las promesas que Dios hizo de salvar a “los elegidos”, al resto fiel (cfr. Is 43, 6; Jr 32.37).

 

Como nos dice la primera lectura de hoy, esta salvación incluirá la resurrección corporal de los que duermen en la tierra.

 

Debemos estar atentos a ese momento, cuando los enemigos del Señor serán estrado de sus pies, según lo que vislumbra la epístola de hoy. 

 

Podemos esperar confiados, sabiendo que un día tendremos la felicidad eterna a la derecha del Señor, como oramos en el salmo de este domingo.

 

Al Partir el Pan

 



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