2 de septiembre de 2012 - 22o Domingo de Tiempo Ordinario

Posted by Dr. Scott Hahn on 08.27.12

Religión pura

Lecturas:
Deuteronomio 4, 1-2.6-8
Salmo 15, 2-5
Santiago 1,17-18.21-22.27
Marcos 7,1-8.14-15.21-23


El evangelio de este domingo nos muestra un Jesús-profeta, con autoridad para interpretar la ley de Dios.

Cristo cita a Isaías de forma irónica (cfr. Is 29, 13). Al observar la Ley, los fariseos pretenden honrar a Dios asegurando que nada impuro pasa por sus labios. Con esa práctica, sin embargo, ellos han invertido el sentido de la Ley, convirtiéndola en un simple conjunto de acciones externas.

El don de la Ley, mencionado en la primera lectura de este día, nos es dado con plenitud en el Evangelio de Jesús, que nos enseña su verdadero significado y finalidad (cfr. Mt 5, 17).

La Ley, cumplida en el Evangelio, existe para formar nuestros corazones y hacernos puros, capaces de vivir en la presencia del Señor. Nos fue dada para que viviéramos y entráramos en posesión de la herencia que nos fue prometida: el Reino de Dios, la vida eterna.

Israel, mediante su observancia de la Ley, tenía que ser un ejemplo para las naciones que la rodeaban.  Como dice el Apóstol Santiago en la epístola de hoy, el Evangelio nos fue dado para que tuviéramos un nuevo nacimiento por medio de la Palabra de Verdad.  Al vivir de acuerdo a la Palabra que hemos recibido, podemos ser ejemplos de la sabiduría de Dios para quienes estén en nuestro derredor. Podemos ser “las primicias” de una nueva humanidad.

Esto significa que debemos poner en práctica la Palabra, no solamente escucharla. Como cantamos en el salmo de este domingo y escuchamos en la epístola, tenemos que trabajar por la justicia, cuidando a nuestros hermanos y viviendo de acuerdo a la verdad que Dios ha puesto en nuestros corazones.

La Palabra que se nos ha dado es un don perfecto. No debemos añadirle devociones vanas e innecesarias. Tampoco debemos reducirla a los mandamientos que nos agradan o queremos escoger.

“Escúchenme”, dice Cristo en el Evangelio de este domingo. Él nos llama hoy a examinar nuestra respuesta a la Ley de Dios.

Nuestra práctica religiosa, ¿es una escucha atenta a Jesús; una humilde acogida a la Palabra sembrada en nosotros (que es capaz de salvar nuestras almas)? ¿O es nada más de labios para afuera?

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