24 de agosto de 2014 - 21º Domingo de Tiempo Ordinario

Posted by Dr. Scott Hahn on 08.18.14

‘¡Oh profundidad!’

Lecturas:
Isaías 22,15.19-23
Salmo 138,1-3.6.8
Romanos 11,33-36
Mateo 16,13-20


“¡Oh profundidad de la riqueza, la sabiduría y la ciencia de Dios!”, exclama San Pablo en la epístola de esta semana. También el salmo del domingo toma una triunfante expresión de alegría y gratitud. ¿Porqué? Porque en el Evangelio, el Padre celestial revela el misterio de su reino a Pedro.

Con Pedro, nos regocijamos de que Jesús es el hijo ungido prometido a David, de quien se había profetizado que construiría el templo del Señor y reinaría sobre un reino eterno (cf. 2 S 7).

Lo que Jesús llama “mi Iglesia” es el reino prometido al hijo de David (cf. Is 9,1-7). Como escuchamos en la primera lectura del domingo, Isaías predijo que las llaves del reino de David les serían entregadas a un nuevo Señor, que gobernaría al pueblo de Dios como un padre.

Sólo Jesús, la raíz y descendencia de David, tiene las llaves del reino (cf. Ap 1,18; 3,7; 2,16).  Al entregarle esas llaves a Pedro, Jesús cumple esa profecía, estableciendo a Pedro – y a todos sus sucesores- como santo padre de su Iglesia.

Su Iglesia es también la nueva casa de Dios: el templo espiritual fundado sobre la “roca” de Pedro y construido con las piedras vivas que somos todos y cada uno de los creyentes.

Abraham fue llamado “la roca” de quien los hijos de Israel fueron labrados (cf. Is 51,1-2). Y Pedro viene a ser la roca de la cual Dios hace surgir nuevos hijos de suyos (cf. Mt 3,9).

La Palabra que usa Jesús – “iglesia” (ekklesia en griego)- fue usada en la traducción griega del Antiguo Testamento para referirse a la “asamblea” de los hijos de Dios posterior al éxodo (cf. Dt 18,16; 31,30).

Su Iglesia es la “asamblea de los primogénitos” (cf. Hb 12,23; Ex 4,23-24) establecida por el éxodo de Jesús (cf. Lc 9,31). Como los israelitas, somos bautizados en agua, guiados por la Roca y alimentados con comida espiritual (cf. 1Co 10,1-5).

Congregados en su altar, en la presencia de ángeles, cantamos su alabanza y le damos gracias a su Nombre santo.

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